jueves, 19 de abril de 2012

Me sentía horrible: deseaba tocarlo, sentir su piel, su cuerpo, un ultimo abrazo. Necesitaba estar al lado suyo, quizás hasta verlo dormir de nuevo. Una sensación desesperante de Querer y No Deber.
Quería besarlo, pero algo me separaba. Me abrazaba y algo me producía rechazo, aunque por dentro moría por estirar mis brazos yo también.

Le dije que lloraba porque tenia mucho miedo de perderlo, de que esa fuera la ultima vez.
"Gorda, nunca me vas a perder". Y ese año no lo volví a ver.